Pocas veces me he tenido que poner delante de un papel para escribir una despedida, reconozco que no son mi fuerte. Hoy es una situación especial, digna de mencionar y recordar durante mucho tiempo. Este año se ha disuelto el equipo juvenil del colegio Calasanz. Algo normal. Para la persona que lea esto y no haya jugado nunca en el club, no entenderá estas líneas, pero, si por el contrario el lector es un jugador, aficionado o animador asiduo, quizás, suponga algo más.
Introducir los motivos de la desaparición no tiene sentido porque son muy variopintos y respetables. Os preguntaréis por qué hago esta carta. Primero, porque se lo debo al equipo en el que he estado trece años, segundo, porque me apetece, y en tercer lugar…porque me da la gana. Trece temporadas dan para mucho, se hacen amigos, disfrutas del deporte, saboreas la victoria y la derrota, conoces colegios e instalaciones, disfrutas de las excursiones y sobre todo, aprendes como persona. Entré en el equipo con cuatro años, me voy con diecisiete y durante todo este tiempo creo que he mejorado como persona, si no es así me lo decís.
Los compañeros han sido fundamentales en esta aventura que pone punto y final un cinco de octubre, pero quiero agradecer también la maravillosa labor de los entrenadores, empezando por el primero y terminando por David. Éste se merece un párrafo aparte. Como no, agradecer a todo el personal del colegio que nos ha tratado con una paciencia exquisita y un tacto único, aunque nos hayamos colado más de una tarde a las cuatro y media. Al final ha merecido la pena. GRACIAS.
El comportamiento de la gente ha sido magnífico e impagable. Lo he hablado muchas veces con el resto de compañeros, y de verdad, estamos muy agradecidos por todos los momentos que nos habéis hecho pasar en cada partido, los ánimos después de las derrotas, las sonrisas y los aplausos en los buenos momentos…Gracias. ¡Ah! Se me olvidaba, me quedo con las mejores fotos que he visto de un partido de fútbol, eso sí que eran imágenes y no las de AS y Marca. GRACIAS.
Hablábamos antes de David. Le conocí hace seis años y por suerte todavía mantengo la relación con él, primero como alumno y ahora como aprendiz suyo en la difícil y gratificante labor de entrenador. A David le considero uno de los profesionales más cualificados de su medio y como persona está entre un hermano y un mejor amigo. A su lado, he aprendido las mejores lecciones no sólo de fútbol sino de vida. Cuando lo leas mariquita, como tú me sueles decir, espero que te acuerdes de todos los buenos momentos que hemos pasado, están pasando y que sucederán en un futuro. GRACIAS.
No me quiero enrollar mucho más que sale a florecer la vena más sensible de uno y eso no le suele gustar a la gente. Dar las gracias a todo el mundo que ha hecho posible que la carrera de fondo que comenzó hace trece años en las vetustas y desgastadas pistas de cemento del colegio concluya hoy en el mismo lugar y con los mismos compañeros. Espero que la vida nos vuelva a juntar en cualquier campo de fútbol, aunque no sea con la camiseta del equipo que hemos defendido durante tantos años. GRACIAS.
Por si no queda claro, GRACIAS.