domingo, 2 de septiembre de 2012

Cuando el cielo está cerca

Volar, pisar la Luna y llegar al cielo siempre han sido tres de los deseos más codiciados por el ser humano. Tras muchos años de comerse la cabeza, investigar, probar y practicar el hombre fue capaz de crear una máquina que permitía conseguir el primer sueño, volar. En 1969 se consiguió el segundo de los objetivos, llegar a la Luna. Neil Armstrong partió un 21 de julio hacia la esfera plateada para marcar un punto de inflexión en la historia. Ya saben, un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad. Pasaron las décadas y aún quedaba completar la tercera misión: tocar el cielo. Es cierto que el cielo es un término muy ambiguo y muy amplio, pero viendo el concierto de ayer de Carlos Jean encontramos la definición idónea. Cielo: Bóveda imaginaria sobre la cual se distribuyen el Sol, las estrellas, los planetas, la Luna y los sonidos procedentes de la mesa de mezclas de Carlos. Pasaban unos minutos de las once y media cuando el DJ, subido en su buque blanco y futurista, llegó a  Alcalá con un grito que despertó a la ciudad: “¿Quién quiere tocar el cielo conmigo?”. Se enfundó los cascos, agarró el micrófono y comenzó la función. El último deseo se hizo realidad. 


Sobre el escenario de la Huerta del Obispo, el gallego, voló con sus mezclas las leyes de la música, rozó con sus ritmos la luna de Alcalá y por último estalló en el espacio sus canciones como si de fuegos artificiales se tratasen. “Levels”, “Save the world”, “Lead the way” o “Titanium” fueron, entre otras, la banda sonora de una velada que se convirtió en el broche perfecto para cerrar las Ferias 2012. Cuando el artista pone en marcha su batidora de sonidos, el respetable salta, grita, baila, canta, se olvida de la subida del IVA y de la prima riesgo. Las 20.000 personas que abarrotaron la explanada complutense se lo pasaron en grande con la fiesta que organizó el astronauta gallego. La cita albergó a un público muy heterogéneo que no quiso perderse una de las sesiones musicales más llamativas y coloridas de nuestro país. Al final del concierto, Carlos comentaba lo siguiente en su cuenta de Twitter: “Alcalá: simplemente gracias. Me voy muy emocionado a Madrid, noche espectacular”.




A las dos de la mañana, el hijo de María y Jean se marchó a la capital cansado, agotado, pero con un nuevo triunfo que añadir a su palmarés musical, el de llegar al cielo. Sueñen en las nubes y duerman con las estrellas que no todos los días el firmamento está tan cerca. 





Carlos Jean Live Experience en Sanfermines

Orejas y rabo para Vetusta Morla


Vetusta Morla recibió la alternativa de los dos diestros que antes habían toreado ya en el coso alcalaíno: Xoel López y Zoé fueron los encargados de servir el aperitivo para abrir boca a lo que estaba por llegar. Pasaban diez minutos de las doce y media cuando se abrieron los toriles y aparecieron seis miuras sobrenaturales con ganas de embestir la música y disfrutar las canciones. Hoy por hoy, Vetusta Morla tiene licencia para hacer todo lo que quiera sobre el escenario al igual que Messi con el fútbol o Pau Gasol con el aro. Han conseguido crear una relación personal con el público que provoca gritos, reventones, terremotos, saltos y ovaciones cerradas a uno de los grupos más candentes y con más futuro del panorama musical español. Con la luna de fondo y un albero enfervorecido, llegaba el turno de "Copenhague", la canción estrella del grupo al igual que ocurre con "Let It Be" y The Beatles. Es como una etiqueta, Vetusta-Copenhague. Con la brisa nocturna acariciando las cuerdas de las guitarras, pellizcando el bajo, tocando sutilmente la batería y dando vida al micrófono llegaron cantos de sirena procedentes de Copenhague. La voz de “Pucho” hizo temblar los cimientos de la plaza para mantear a los centenares de seguidores que sabían que habían ido a ver una gran faena. Dejarse llevar suena demasiado bien. 


                                 Fuente: El País


Después de este puñetazo en la mesa, la velada continuó con la melodía de "Escudo Humano", "Baldosas Amarillas", "En el río", "Lo que te hace grande", "Valiente", "El Hombre del saco" y "Los días raros". No se dejaron ningún tema en el tintero. Los diestros de Tres Cantos se pusieron el traje de luces y con una dulzura extrema tejieron con hilo fino y dorado la banda sonora de una noche que llevaba camino de terminar por la puerta grande. Faltaba una canción donde vaciarse en el escenario para marcharse con la sensación de haberlo dado todo. 


                                                        Fuente: Moy Triana


Como no podía ser de otra forma, el respetable calculó y  midió las dimensiones del terreno para poder forma una buena "Cuadratura del círculo". Durante diez minutos la plaza de toros fue el epicentro de la ciudad, la simbiosis de gente y música creó una burbuja que podía estallar en cualquier instante. Los acordes de las guitarras y el ritmo de la batería iban aumentando poco a poco, era como una manada de caballos desbocados que corrían en la misma dirección, la gente interpretó el mensaje y casi sin notarlo los decibelios se multiplicaron. Tarde o temprano la marea humana iba a fusionarse con el escenario. Así fue. Vetusta Morla formó un pequeño desastre humano, la canción estalló como una bomba de relojería, las gargantas se convirtieron en el escudo de una legión de seguidores que veían como sus capitanes abordaban la arena sin piedad y con una brutalidad sobrehumana. A los cinco minutos de terminar el concierto, la sensación era colosal. Los seis amigos habían provocado un ciclón en toda la ciudad, su fuerza y sus letras fueron el complemento perfecto para dar la estocada final. Alcalá había despertado para actuar de jurado y otorgar las dos orejas y el rabo a Vetusta Morla. Va por ustedes.