Llegó la hora: Tocaba sufrir y se sufrió, tocaba llenar el estadio y se llenó, tocaba gritar y se grito, tocaba animar y se animó, pero lo más importante de todo, tocaba remontar y ganar, y se ganó. Por historia, economía o simplemente por privilegios deportivos tenía que estar el Inter Movistar en la primera final de la Copa del Rey de la historia. Durante la semana todos los medios de comunicación locales se habían hecho eco del gran partido entre alcalaínos y murcianos. La prensa entrevistaba a los protagonistas del duelo y la radio animaba a los ciudadanos a ir en masa al pabellón. La cita era única, irrepetible. Todo estaba preparado para que el balón echase a rodar de un momento a otro.
Todo era posible: Para situarnos y evitar posibles confusiones, el Inter necesitaba ganar aunque fuese por la mínima. En el partido de ida El Pozo había conseguido una ventaja de 3-2, por lo tanto, un solo gol del equipo interista le situaba en la final. Un resultado tan justo en fútbol sala es una quimera y más cuando juegan el Inter y El Pozo, dos de los mejores conjuntos del mundo. Se preveía un espectáculo maravilloso y así fue. A los ocho minutos, contra del Inter perfectamente dirigida por Borja que ve solo a César para que éste sólo tenga que batir por bajo a Raúl. 1-0 partido ganado. Bueno no, quedaban treinta y dos minutos. El estadio era una fiesta, la gente veía factible la final y encima su equipo estaba dominando el partido de cabo a rabo. Todo marchaba a las mil maravillas. A falta de dos minutos para la conclusión de la primera parte el Inter cerró el marcador. Borja aprovecha un rechace en el área pequeña para fusilar al portero rival. Dos goles eran un buen colchón de ventaja. El problema llegó un minuto más tarde. Cuando nadie se lo esperaba, El Pozo reaccionó de su letargo que le había mantenido dormido los primeros veinte minutos, y en un córner botado magistralmente por Álvaro, Saúl silenció al Ruiz de Velasco con un gol imparable de volea. Juanjo solo pudo aplaudir. La eliminatoria volvía a estar abierta, era el tiempo del descanso.
Sufriendo hasta el final: La mejor palabra que define lo que aconteció en la segunda parte es vibrante. El Inter tenía que aumentar su ventaja, mientras que la misión de El Pozo era recortarla. Dos técnicas muy distintas pero con un objetivo común, la final. Los dos entrenadores pusieron toda la carne en el asador alineando a toda la artillería pesada para alegría de los espectadores. El pulsómetro se puso en marcha muy pronto con el gol de Marquinho. El brasileño está aprovechando sus últimos meses en el club de la mejor manera posible, marcando goles decisivos. El tanto local quedó en un segundo plano minutos más tarde cuando Dani Salgado de un fuerte punterazo consiguió derrocar a Juanjo. El Pozo había conseguido lo que quería desde un primer momento, intentar forzar la prórroga. Quedaban los peores momentos, esos en los que no sabe qué va a ocurrir. Los nervios se apoderaron de cada uno de los allí presentes. La tensión era máxima. El éxtasis llegó a los dos minutos para el final cuando Borja de volea batió por segunda vez a Raúl. La final estaba cerca pero el partido no había terminado. Por suerte interista, Juanra terminó de redondear el marcador con un gol desde el centro del campo, ya que los murcianos estaban buscando la remontada heroica con el portero-jugador. Al final 5-2 y papeleta resuelta. La sede del partido final se desconoce, pero todo apunta a que será en Toledo. Ya veremos si en la próxima cita el Inter es capaz de vencer más holgadamente o sigue pasándolo mal hasta el último segundo, porque como saben, ayer costó sangre, sudor y lágrimas.
"Los peques juegan primero"
Como viene siendo habitual en todos los partidos del Inter, en el descanso las categorías inferiores de cualquier escuela deportiva deleitan al público presente con un partidillo de exhibición. Esta semana ha sido el turno de los prebenjamines del Calasanz. Las futuras estrellas azulonas derrocharon talento, técnica y desparpajo sobre el parqué del pabellón. Dirigidos por David como maestro de ceremonias, los pequeños disfrutaron de una tarde inolvidable para todos.

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