Vetusta Morla recibió la alternativa de los dos diestros que antes habían toreado ya en
el coso alcalaíno: Xoel López y Zoé fueron los encargados de servir el
aperitivo para abrir boca a lo que estaba por llegar. Pasaban diez minutos de
las doce y media cuando se abrieron los toriles y aparecieron seis miuras sobrenaturales
con ganas de embestir la música y disfrutar las canciones. Hoy por hoy, Vetusta
Morla tiene licencia para hacer todo lo que quiera sobre el escenario al igual
que Messi con el fútbol o Pau Gasol con el aro. Han conseguido crear una relación
personal con el público que provoca gritos, reventones, terremotos, saltos
y ovaciones cerradas a uno de los grupos más candentes y con más futuro del
panorama musical español. Con la luna de fondo y un albero enfervorecido,
llegaba el turno de "Copenhague", la canción estrella del grupo al igual que
ocurre con "Let It Be" y The Beatles. Es como una etiqueta, Vetusta-Copenhague. Con
la brisa nocturna acariciando las cuerdas de las guitarras, pellizcando el
bajo, tocando sutilmente la batería y dando vida al micrófono llegaron cantos
de sirena procedentes de Copenhague. La voz de “Pucho” hizo temblar los
cimientos de la plaza para mantear a los centenares de seguidores que sabían
que habían ido a ver una gran faena. Dejarse llevar suena demasiado bien.
Fuente: El País
Después
de este puñetazo en la mesa, la velada continuó con la melodía de "Escudo
Humano", "Baldosas Amarillas", "En el río", "Lo que te hace grande", "Valiente", "El
Hombre del saco" y "Los días raros". No se dejaron ningún tema en el tintero. Los
diestros de Tres Cantos se pusieron el traje de luces y con una dulzura extrema
tejieron con hilo fino y dorado la banda sonora de una noche que llevaba camino
de terminar por la puerta grande. Faltaba una canción donde vaciarse en el
escenario para marcharse con la sensación de haberlo dado todo.
Fuente: Moy Triana
Como no podía
ser de otra forma, el respetable calculó y
midió las dimensiones del terreno para poder forma una buena "Cuadratura
del círculo". Durante diez minutos la plaza de toros fue el epicentro de la ciudad , la simbiosis de
gente y música creó una burbuja que podía estallar en cualquier instante. Los
acordes de las guitarras y el ritmo de la batería iban aumentando poco a poco,
era como una manada de caballos desbocados que corrían en la misma dirección,
la gente interpretó el mensaje y casi sin notarlo los decibelios se
multiplicaron. Tarde o temprano la marea humana iba a fusionarse con el
escenario. Así fue. Vetusta Morla formó un pequeño desastre humano, la canción
estalló como una bomba de relojería, las gargantas se convirtieron en el escudo
de una legión de seguidores que veían como sus capitanes abordaban la arena sin
piedad y con una brutalidad sobrehumana. A los cinco minutos de terminar el
concierto, la sensación era colosal. Los seis amigos habían provocado un ciclón
en toda la ciudad, su fuerza y sus letras fueron el complemento perfecto para
dar la estocada final. Alcalá había despertado para actuar de jurado y otorgar
las dos orejas y el rabo a Vetusta Morla. Va por ustedes.


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