No es un mono, ni un orangután, ni un animal de circo al que se le jalea echándole de comer cacahuetes o bananas, es un ciclista. Una especie Sapiens Sapiens que actualmente se encuentra en peligro de extinción porque se juega la vida en el asfalto cada vez que empieza a pedalear sobre la inofensiva y vulnerable bicicleta de carretera. Si a esta situación le añadimos el agravante de las nuevas tecnologías, concretamente el automóvil y su función, el cóctel es explosivo.
El pasado 9 de julio, en la novena etapa del Tour de Francia, esa competición que se ha devaluado con los años, se produjo un accidente lamentable. A 36 kilómetros para llegar a la línea de meta, un coche de la televisión pública francesa TF1, embistió literalmente y con todas las sílabas a Juan Antonio Flecha y Johny Hoogerland. ¿Cuál fue el motivo? Muy simple, el conductor de esa maravillosa máquina de cuatro ruedas que la vida a puesto a nuestra disposición para hacernos el trayecto más fácil, no para atropellar a nadie, iba mirando las musarañas cuando de repente se dio cuenta de que si no hacía un quiebro a la izquierda para remediar la situación, se salía de la calzada. ¿Qué hizo nuestro conductor? Dar el volantazo y llevarse por delante a los dos corredores que lo único que intentaban eran llegar al final de etapa sanos y salvos.
Ha quedado demostrado que esta distancia es una ficción para algunos conductores del Tour.
Resulta curioso observar cómo ha cambiado el ciclismo, el ciclista y la filosofía de los que lo rodean. Me explico, hace décadas, en la época de Bahamontes y Ocaña, los ciclistas no utilizaban casco como media de seguridad. ¿Por qué? Porque no tenían un coche a ras de rueda apretándolos las tuercas y poniéndolos nerviosos. Ahora, como no lleves casco, rodillera, huevera, codera, escudo, lanza, espada y escopeta, puedes acabar formando parte del paisaje subido a un árbol. El peligro de la caída no se encuentra en la subida al Tourmalet o Galibier, sino en los coches y en el personal follonero, elitista y farandulero que se ha apoderado del Tour de Francia, Giro y Vuelta España. Es razonable que vayan varios vehículos de ayuda por si ocurre una avería en la bicicleta, pero tienen que tener una idea muy clara: respeto. Respeto a una especie Sapiens Sapiens llamada ciclista que está en peligro de extinción por accidentes como el de Flecha y Hoogerland.
Si la organización del Tour y



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