Inter Movistar 5 - Marfil Santa Coloma 4
Hay un Derecho de los Ciudadanos que dice: "no se discriminará a nadie por razón de sexo, raza o religión". Si la jurisprudencia la implantásemos en el mundo futbolístico, rezaría lo siguiente: no hay que menospreciar a ningún equipo, por razón de calidad, puesto en la clasificación o presupuesto. Esta máxima se cumplió ayer entre el Inter Movistar y el Marfil Santa Coloma. A priori la contienda se preveía sencilla. El equipo de David Marín llegaba cuarto, y los visitantes décimos, con diez puntos menos. Esta situación tan bucólica, dio un giro de ciento ochenta grados, para transformar el partido en un auténtico espectáculo, no apto para cardiacos. Ya dicen que no hay que fiarse ni de tu padre, como para creer en un equipo de fútbol. Los turrones, los roscones y los mazapanes, todavía hacen mella en los jugadores. La calidad se mantiene, el físico baja. Es una norma muy sencilla, que se pudo comprobar sobre la tarima. Con todo esto, más el público que se dio cita en el Ruiz de Velasco, la emoción y la tensión fueron los ingredientes básicos, de una tarde fría y descafeinada, en lo que a meteorología se refiere.
El partido empezó con un ritmo frenético. Las dos escuadras salieron a tantearse mutuamente, con una presión asfixiante en zona de tres cuartos. Los jugadores quemaron toda su gasolina al principio, quedándose en la reserva en el tramo final del recorrido. La presión tuvo su reacción a los tres minutos de juego con una falta peligrosa a favor del Marfil. Óscar Redondo, estrelló el cuero en el palo. Primera llegada, primer aviso. Un aviso que tuvo su rúbrica en la jugada siguiente. Betao se marcha de dos defensores, y desde la frontal del aérea, taladra las redes visitantes, estableciendo el 1-0 en el electrónico. Lo difícil que era abrir el tarro de las esencias, ya estaba hecho. A raíz del gol, el conjunto interista se vino arriba, para intentar dar la estocada final y dejar aniquilado el partido. El experimento trabajado y madurado en el laboratorio, no obtuvo recompensa. Bueno sí, al Santa Coloma le vino como anillo al dedo. En una contra aislada, Héctor se planta solo ante Luis Amado, y de un toque suave y sutil, dejaba todo como al principio. Vuelta a empezar para los dos.

El público caldeó el ambiente con sus cánticos.
La primera parte se consumía lentamente entre imprecisiones de ambos conjuntos. Cuando parecía que el árbitro iba a señalar el camino de las duchas, Eka controla un balón en la línea de banda, ve la llegada de Gabriel, y éste con una tijera propia del baile de David Bisbal, anota el 2-1. La respiración regresaba al banquillo local, después de unos minutos fulgurantes. Todo parecía muy bonito, hasta que Jordi Sánchez, a falta de un minuto para el descanso, derramó un jarro de agua fría sobre el público del pabellón, al conseguir uno de los goles de la tarde. 2-2. El desenlace, en la segunda mitad.
Los segundos veinte minutos, se resumirían en un tópico muy utilizado en el mundo del cine, "las segundas partes nunca fueron buenas". Ayer, no fue correcta, porque más de un aficionado terminó el partido sin uñas. Normal, no hubo tiempo ni de reposar el bocadillo, porque a los cinco minutos, Héctor, ponía en ventaja al Marfil Santa Coloma. La situación empezaba a torcerse. El Inter es como el Barcelona, si le ofreces la pelota, te hace un nudo y te fulmina. Pero claro, si se la quitas, se abren, dejan espacios y parecen una madre. El pensamiento tan filosófico que hemos aplicado, lo utilizó David Marín para revertir la contienda. Por ello, a los siete minutos, Carlos Ortiz se interna por la banda dejando atrás a varios defensores, y cuando parecía que el balón se perdería por línea de fondo, traza un pase milimétrico a la bota de Eka, que solo en el segundo palo, hace el 3-3. Nuevamente tablas en el marcador. Había que inventar algún plan alternativo, porque si no el encuentro estaba predestinado a terminar empate a ocho. Era el momento de sacar la pizarra y resolver las ecuaciones. Ambas partes solicitaron tiempo muerto, para maquinar el plan. Mientras, en la grada el público animaba como podía a su equipo con cánticos y gritos de motivación. La diana de los clamores era César. El alcalaíno debutó con el Inter, demostrando ambición y poderío. Nueva ovación del respetable. Una ovación que se repetiría a los diez minutos, cuando Betao controla un balón con el pecho, y a la media vuelta cruza el cuero ante la pasividad de la defensa rival. 4-3, tocaba mantener el resultado.
A partir de aquí, el guión era más o menos previsible. El Santa Coloma presionaba hasta la saciedad, y los locales maduraban su fruto, para que en alguna acción aislada, cayera del árbol convertido en gol. A falta de dos minutos para el final, el equipo catalán probó suerte con el portero-jugador,el partido se terminaba…De nuevo, los dos entrenadores requirieron tiempo muerto. David Marín pidió cabeza y concentración, Andreu Plaza, corazón y orgullo. Dos estilos antagónicos. Cincuenta y nueve segundos, dos oportunidades más para cada equipo. Primero atacó el Marfil de forma insistente. Tocaban y tocaban pero no llegaban, una desesperación. De repente, Héctor encara a dos defensores, se marcha de los dos, pisa área, comprueba que Jordi está solo en el segundo palo y gol. 4-4, y veinte segundos. Era el instante de mantener la cabeza fría. El empate no le servía a nadie.
El público caldeó el ambiente con sus cánticos.
La primera parte se consumía lentamente entre imprecisiones de ambos conjuntos. Cuando parecía que el árbitro iba a señalar el camino de las duchas, Eka controla un balón en la línea de banda, ve la llegada de Gabriel, y éste con una tijera propia del baile de David Bisbal, anota el 2-1. La respiración regresaba al banquillo local, después de unos minutos fulgurantes. Todo parecía muy bonito, hasta que Jordi Sánchez, a falta de un minuto para el descanso, derramó un jarro de agua fría sobre el público del pabellón, al conseguir uno de los goles de la tarde. 2-2. El desenlace, en la segunda mitad.
Los segundos veinte minutos, se resumirían en un tópico muy utilizado en el mundo del cine, "las segundas partes nunca fueron buenas". Ayer, no fue correcta, porque más de un aficionado terminó el partido sin uñas. Normal, no hubo tiempo ni de reposar el bocadillo, porque a los cinco minutos, Héctor, ponía en ventaja al Marfil Santa Coloma. La situación empezaba a torcerse. El Inter es como el Barcelona, si le ofreces la pelota, te hace un nudo y te fulmina. Pero claro, si se la quitas, se abren, dejan espacios y parecen una madre. El pensamiento tan filosófico que hemos aplicado, lo utilizó David Marín para revertir la contienda. Por ello, a los siete minutos, Carlos Ortiz se interna por la banda dejando atrás a varios defensores, y cuando parecía que el balón se perdería por línea de fondo, traza un pase milimétrico a la bota de Eka, que solo en el segundo palo, hace el 3-3. Nuevamente tablas en el marcador. Había que inventar algún plan alternativo, porque si no el encuentro estaba predestinado a terminar empate a ocho. Era el momento de sacar la pizarra y resolver las ecuaciones. Ambas partes solicitaron tiempo muerto, para maquinar el plan. Mientras, en la grada el público animaba como podía a su equipo con cánticos y gritos de motivación. La diana de los clamores era César. El alcalaíno debutó con el Inter, demostrando ambición y poderío. Nueva ovación del respetable. Una ovación que se repetiría a los diez minutos, cuando Betao controla un balón con el pecho, y a la media vuelta cruza el cuero ante la pasividad de la defensa rival. 4-3, tocaba mantener el resultado.
A partir de aquí, el guión era más o menos previsible. El Santa Coloma presionaba hasta la saciedad, y los locales maduraban su fruto, para que en alguna acción aislada, cayera del árbol convertido en gol. A falta de dos minutos para el final, el equipo catalán probó suerte con el portero-jugador,el partido se terminaba…De nuevo, los dos entrenadores requirieron tiempo muerto. David Marín pidió cabeza y concentración, Andreu Plaza, corazón y orgullo. Dos estilos antagónicos. Cincuenta y nueve segundos, dos oportunidades más para cada equipo. Primero atacó el Marfil de forma insistente. Tocaban y tocaban pero no llegaban, una desesperación. De repente, Héctor encara a dos defensores, se marcha de los dos, pisa área, comprueba que Jordi está solo en el segundo palo y gol. 4-4, y veinte segundos. Era el instante de mantener la cabeza fría. El empate no le servía a nadie.
Los dos banquillos temían lo peor, un gol en contra. Por suerte para el Inter, y por desgracia para el Santa Coloma, Betao tuvo la ocasión de oro de sellar el partido, una falta en la frontal. El brasileño tomó carrerilla, la barrera sufrió, los técnicos suspiraron, tambores de guerra en las gradas y balón dentro de la red. Misil del pívot interista que perforó la portería rival, sin que el portero pudiese hacer nada. 5-4 y pitido final. La alegría se apoderó de los jugadores verdiblancos, la gente que al principio del partido estaba algo descafeinada, despertó para felicitar a su equipo por el triunfo. Con la victoria de ayer, el Inter Movistar ocupa el cuarto puesto en la clasificación, por detrás de El Pozo, Barcelona y Lobelle Santiago. Otro dato reseñable, es que el fútbol no es apto para cardiacos.
Betao volvió a ser la estrella del partido, con sus tres goles.
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